Abre una caja de lápices. ¿Cuántos tonos de piel encuentras?
Gracias por contarlo. No eres la única persona.
Para el adulto: lean juntos. No hay respuestas buenas ni malas. Hablen del color con naturalidad: los niños ven los colores, y si no se los nombramos, no aprenden a ver cuándo alguien sufre por el suyo. Lo que más les enseña es lo que dicen ustedes en la mesa, los apodos de la casa y los lápices, cuentos y juguetes que tienen. Esta ruta les va a servir a ustedes tanto como a ellos.
Las personas tenemos muchos colores de piel: claritos, morenos, oscuros, y todos los tonos del medio. También tenemos muchos tipos de pelo y de ojos.
Todos los colores son bonitos. Y ninguno vale más que otro.
A veces, sin darnos cuenta, tratamos distinto a alguien por su color. Le ponemos un apodo, nos reímos de su pelo o no lo dejamos jugar. Eso duele, aunque sea «en broma».
Tu espejo
El adulto lee cada frase en voz alta.
En el recreo, Lía y sus amigas juegan a las princesas. Maya quiere jugar.
—Tú no puedes ser la princesa —le dice una niña—. Las princesas son blancas.
Maya se queda quieta. Nadie dice nada.
Esa noche, Lía le cuenta a su mamá. Su mamá le pregunta:
—¿Y tú qué piensas? ¿Una princesa puede ser de cualquier color?
Lía piensa en Maya, que es la que mejor inventa cuentos de todo el curso.
—Sí. Maya sería la mejor princesa.
El color de la piel no decide quién puede jugar.
Dibújate ✏️
Dibújate con tus colores de verdad: tu piel, tu pelo, tus ojos. Si no encuentras tu tono, mezcla dos lápices hasta encontrarlo.
Hoy eres detective 🔍. Fíjate en los colores de piel, pelo y ojos de la gente que ves. ¡Hay muchísimos!
¿Qué colores de piel hay en tu familia y en tu curso?
A veces dejamos colores afuera sin darnos cuenta. ¡Vamos a descubrir cómo!
Terminar y seguir con la lección 2 →¿Cuántos apodos de tu curso hablan del color, el pelo o los ojos de alguien? «Negro», «Chino», «Colocho», «la Morena»…
¿Alguna vez le preguntaste a esa persona si le gusta?
Gracias por contarlo. No eres la única persona.
El racismo casi nunca dice su nombre. Suena a apodo de cariño, a meme, a «es broma», a filtro que te aclara la piel.
Todas las personas tienen la misma dignidad: el mismo valor y el mismo derecho al respeto, sin importar su piel, su pelo, sus ojos o de dónde viene su familia. El racismo es todo lo que pone a alguien más abajo por esas cosas. Aunque se diga riéndose.
Esto no es para sentir culpa. Casi todos crecimos escuchando estas frases. Es para que te des cuenta, y elijas cuáles quieres seguir diciendo.
Antes del espejo: responde pensando en lo que dijiste, hiciste y pensaste este mes.
Tu espejo
A Martín, desde primer año, en el curso le dicen «Chino», por sus ojos. Su familia vive en el país desde hace tres generaciones.
En el recreo, jugando fútbol, Teo grita:
—¡Chino, pásala!
Martín se la pasa. Al terminar, se le acerca:
—Teo, me llamo Martín.
—Pero si es de cariño.
—Ya sé. Pero a ti no te digo «Orejas». Te digo Teo. A mí me dicen «Chino» desde los seis años, en todos lados. Aquí me gustaría ser Martín.
Teo nunca quiso molestarlo. Para él era un apodo más. Para Martín era lo mismo de toda la vida. Y nadie le había preguntado.
Tu mapa de las frases
1 · Lo que escuchas. ¿Qué frases sobre el color, el pelo o los rasgos escuchas en tu casa, tu curso o tus redes?
2 · Lo que dices. ¿Cuáles dices tú, aunque sea a veces?
3 · Lo que te dijeron. ¿Alguna vez te dijeron a ti algo así? ¿Cómo te sentiste?
4 · Completa la frase.
Llama a todos por su nombre. Si alguien tiene un apodo por su color y no sabes si le gusta, usa su nombre.
¿A quién llamas por su color o sus rasgos? ¿Sabes si le gusta?
El racismo se disfraza de apodo, de meme y hasta de elogio.
Terminar y seguir con la lección 2 →¿Cuántos apodos conoces que hablan del color de alguien? «Negrito», «la morena», «chinito», «colocho», «la india»…
¿Alguna vez le preguntaste a esa persona si le gustaba que le dijeran así?
Gracias por contarlo. No eres la única persona.
El racismo casi nunca dice su nombre
Cuando pensamos en racismo, pensamos en insultos de odio, en violencia, en algo que pasa en otros países. Eso existe, y es terrible.
Pero en nuestros países, el racismo de todos los días suena distinto. Suena a cariño: «mi negrito». Suena a consejo: «no te asolees, que te pones más negra». Suena a chiste. Suena a «es que no da con el perfil».
Casi nunca se dice con rabia. Muchas veces se dice con una sonrisa. Y por eso cuesta tanto verlo.
La misma dignidad
Todas las personas tienen la misma dignidad: la misma importancia, el mismo valor, el mismo derecho a ser tratadas con respeto. No importa el color de su piel, su pelo, sus ojos, su nariz o de dónde viene su familia.
El racismo es todo lo que pone a alguien más abajo por esas cosas. Aunque se diga con cariño.
Esto no es para sentir culpa
Casi todos crecimos escuchando frases como «pelo malo» o «mejorar la raza». Las repetimos sin pensar, porque así hablaba nuestra familia, nuestro barrio, la tele.
Esta ruta no es para que te sientas mala persona. Es para que te des cuenta, y elijas qué frases quieres seguir repitiendo y cuáles no.
Dónde aparece
Hay seis momentos en los que el racismo se cuela:
- Lo que dices «de cariño»: los apodos por el color o los rasgos.
- El pelo y los rasgos: «pelo malo», «nariz fea», «ojitos chinos».
- En la familia: el bebé «clarito» que todos celebran, el «no te asolees».
- Los chistes: los que siempre se ríen del mismo color.
- Lo que decides: a quién contratas, a quién le alquilas, de quién desconfías.
- Cuando lo ves y te callas: el comentario que dejas pasar.
Antes del espejo
Responde pensando en lo que dijiste, hiciste y pensaste este último mes, no en cómo te gustaría ser. Nadie más ve tus respuestas.
Tu espejo
Llega un compañero nuevo al trabajo de Sam. Es afrodescendiente, alto, y siempre de buen humor.
Desde el primer día, Sam lo saluda igual:
—¡Qué tal, negro!
Todos se ríen. El compañero también sonríe.
Dos semanas después, en el almuerzo, Sam lo vuelve a saludar así. El compañero deja el tenedor y le dice, tranquilo:
—Sam, me llamo Carlos.
—Pero si es de cariño —dice Sam.
—Ya sé. Pero a ti no te digo «lentes», ni «flaco». Te digo Sam. A mí me dicen por mi color desde que tengo cinco años. En el colegio, en la calle, en cada trabajo. Me gustaría que aquí me dijeran Carlos.
Sam nunca quiso hacerle daño. Para él era una broma de todos los días. Para Carlos era lo mismo de toda la vida. Y nadie le había preguntado.
Tu mapa de las frases
Busca un lugar tranquilo.
Paso 1 · Lo que escuchaste. ¿Qué frases sobre el color, el pelo o los rasgos escuchabas en tu casa o en tu barrio en tu infancia?
Paso 2 · Lo que repites. De esas frases, ¿cuáles dices todavía, aunque sea de vez en cuando?
Paso 3 · Lo que te dijeron a ti. ¿Alguna vez te dijeron a ti una frase así, por tu piel, tu pelo o tus rasgos? ¿Cómo te sentiste?
Paso 4 · Completa la frase.
Lo vas a usar en la lección 9, cuando armes tu plan.
Llama a cada persona por su nombre. A todos, todo el día.
Si alguien tiene un apodo por su color y no sabes si le gusta, no lo uses. Usa su nombre.
¿Hay alguien en tu vida a quien llamas por su color o sus rasgos? ¿Sabes si le gusta?
El racismo se disfraza de cariño, de consejo, de chiste y hasta de elogio: «qué bien hablas para ser…».
En la próxima lección vas a conocer sus ocho disfraces. Y vas a descubrir cuáles usas tú.
Terminar y seguir con la lección 2 →Lección 1 de 10.
Buen comienzo.
Para llevarteHoy eres detective 🔍. Fíjate en los colores de piel, pelo y ojos de la gente que ves. ¡Hay muchísimos!
Para llevarteLlama a todos por su nombre. Si alguien tiene un apodo por su color y no sabes si le gusta, usa su nombre.
Para llevarteLlama a cada persona por su nombre. A todos, todo el día.
Lo que escribes y tu avance se guardan solo en este dispositivo. Al terminar la lección sumamos 1 al total, sin saber quién eres.